domingo, 17 de agosto de 2014

Reflexión del Evangelio del XX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. Mt 15,21-28

http://peoplecheck.de/s/clamor
El Padre Alberto Márquez, nos presenta su reflexión sobre este Evangelio. Les invito a colocar en los comentarios la frase que más les llamó la atención. Feliz Domingo para todos.

Ya hace tiempo la expresión “fuera de la Iglesia no hay salvación” fue superado por la expresión conciliar “la Iglesia es Sacramento Universal de Salvación para todo el género humano”. La primera, utilizada en su tiempo para hacer alguna explicación bíblica fue popularizada para idealizar la figura de la Iglesia, pero sugería una exclusión de la salvación de todos aquellos que no eran parte de ella hasta negar la salvación para aquellos que nacían en otra confesión religiosa de nuestro mundo. ¡caso de extremismo!. La segunda, “La Iglesia, signo, instrumento, sacramento Universal de Salvación” es más incluyente, sugiere que a través de la evangelización de la Iglesia, otros que no son parte de ella pueden llegar a conocer la Salvación, incluso lo que ella anuncia se extiende a otros por obra del Espíritu Santo por caminos que solo el mismo Espíritu conoce a través de una sabiduría de la verdad o por el derecho natural.

Ya los cristianos discípulos del Señor desde los primeros tiempos se encontraron con el dilema de los fanáticos conservadores judíos que veían a las tierra de paganos como tierras de perdición o como de perros. Esto los llevaba a ser excluyentes en sus predicaciones. La segunda lectura del Domingo, en el texto de Pablo a los Romanos se expresa la angustia del mismo San Pablo al ser rechazado por sus hermanos de raza, quienes por oponerse a su Evangelio recibió acusaciones y persecuciones. Por eso él se considera con orgullo “apóstol de los paganos” y por ser rechazado, ahora otros, es decir los paganos, han conocido la reconciliación del mundo, Jesús de Nazareth. Por la “desobediencia” de los judíos ahora los de tierras extranjeras “han alcanzado misericordia”.

Por tanto, ese universalismo de la salvación ya se ve expresado en el pasaje evangélico del texto de hoy (Mt 15,21-28) cuando Jesús al reconocer o valorar la fe de la mujer pagana cananea exclama “Mujer, ¡qué fe tan grande tienes”! que se cumpla tus deseos”. A primera vista, la “aparente objeción” de Jesús de hacer el milagro de la cananea, por no ser parte de la ovejas descarriadas de Israel o por ser un perrito a quien se le estaría dando el pan de los hijos, refleja las objeciones de las comunidades de judíos cristianizados que viviendo al norte de Israel o al sur de Siria (Tiro y Sidón), donde se escribe el Evangelio de Mateo, no acababan de entender la posibilidad de tener creyentes cristianos venidos del paganismo.

La mujer cananea que exclama “Hijo de David” o “Señor ayúdame” no es una tal mujer cananea, sino un símbolo de todas aquellas personas fuera de Israel, que sintiéndose atraídos por el mensaje de un judío llamado Jesús de Nazareth ahora experimentan la salvación. Esta texto de hoy, más allá de la reconstrucción literaria de este pasaje (pues Jesús quien mandó a “predicar a todas las naciones”,  jamás excluyó a nadie), lo que busca anunciar es que Jesús sí reconoció que fuera de los de su propio pueblo habían expresiones de fe muy grande. Con esa alabanza pública de la fe de esta mujer queda demostrado que la fe no conoce fronteras raciales, culturales y sociales. La fe verdadera se vive solamente donde hay corazones abiertos y donde hay cerrazones del espíritu lo que queda es aspereza y rechazos entre hermanos.

Ha sido el puritanismo racial y religioso lo que ha generado guerras inacabadas en el mundo como las que vemos en estos días en el medio oriente. Los extremos palestinos del Hamas y el Hizbolá y de los extremistas también presente entre israelíes nos demuestran lo peligroso del exclusivismo. También los movimientos integristas de nuestra iglesia, aunque no en las dimensiones de guerras religiosas, retardan un anuncio más alegre del evangelio en nuestros tiempos. Podemos distraernos de lo más importante como es el anuncio gozoso ante un mundo triste por querer defender el puritanismo o el integrismo espiritual de nuestros grupos. Se gastan muchas energías en querer asumir estilos de vidas al modo de ciertos católicos del pasado, que por no decir ya nada al mundo de hoy, terminamos con nuestras caras de vinagre excluyendo a los demás. En términos del Papa Francisco, debemos “salir” de nuestras comodidades y ser “osados” al buscar la fe escondida que están aún en aquellos espacios que peyorativamente se les llaman paganos. El anuncio del evangelio no es únicamente una cuestión de celebrar ritos religiosos y vivir estructuradamente en la situación de espera de los demás. Repensar el evangelio nos llevar a cambiar nuestros centros de intereses, formas, tradiciones, normas, devociones, religiosidades, con vista a que el evangelio llegue no solo a todas partes en el sentido geográfico sino a las distintas partes de la vida. Pero no hay que tener miedo, se debe tener la osadía de la mujer cananea quien se acerca a Jesús y le dice: “pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesas de sus dueños”.

Pbro. Alberto Márquez.
albertoarqui@hotmail.com

viernes, 15 de agosto de 2014

Ella me mira desde lo alto

(c) mariauxivi.blogspot.com
Nuevamente me siento frente a mi laptop. Me siento para plasmar en letras lo que el corazón grita entre sus latidos.

Han sido días llenos de alegrías y gozo pero también nubarrones oscuros, como los que cubren de pronto el cielo panameño han aparecido. Por momentos pierdo la calma y me pregunto, ¡Aha! ¿Dónde está tu entrega a la voluntad de Dios?
Aparecen entonces la Oración de Bienvenida, oración que practicamos en la comunidad de Extensión Contemplativa. Pero es que en la turbulencia pierdes el equilibrio y solo por un instante como novata pierdo la compostura.

En fin, les cuento,  vivo a dos cuadras de un Santuario Mariano, solo alcanzo a rezar dos Avemarías del rosario desde que salgo de casa hasta que llego al Santuario, normalmente rezaba el rosario completo mientras caminaba cuando estaba en Venezuela de tal manera que ahora no logro completarlo. No conduzco automóvil en esta ciudad, así  que no puedo rezarlo al manejar (creo que alcanzaría a rezar los 5 misterios en una buena tranca vehicular pues suceden a diario).Así que el ejercicio piadoso del rezo del rosario ha sido casi imposible hacerlo.

Cuando asisto a Misa, una imagen imponente del Inmaculado Corazón de María colocada en el centro del santuario me da la bienvenida. Muy peculiar para mí esta imagen que muestra a una Virgen algo regordeta a mi parecer, esa es la Virgen que me espera, como una mamá que espera a sus hijos.
Inmaculado Corazón de María
 Cuando me dirijo a ella en oración le digo que no he podido con el rosario, y es que hasta compré un ábaco para tratar de rezarlo mientras preparaba las comidas, imitando lo que hacemos en Cursillo… y nada, imposible, culminaba el día con solo un misterio terminado.  Creo que no es la forma en que la Virgen María quiere que me dirija a ella, pensé un día en que me dí por vencida.  Hasta que leí esto de Padre Thomas Keating:” Las prácticas que creemos  ser esenciales para nuestros planes de santidad, cuidadosamente trazados por nosotros, tienden a ser roídas por la providencia divina. Para rematar entonces me llegaron las siguientes líneas a través de mi grupo de estudio: Recuerda que en el camino contemplativo la vida de oración se va simplificando cada vez más. Ahí precisamente está el Don de Consejo.... todas las devociones son medios... no fines en sí mismos....

Así que aliviada de no cumplir con el rezo de rosario diario y dirigiéndome a nuestra madre Santísima con las palabras y oraciones que salen de mis labios, le pido interceda ante su hijo y nos bendiga y cuide a todos. Cuando llego al santuario le entrego mis angustias que generalmente son las de una madre y esposa.

 Nadie sabe por qué erigieron este Templo como Santuario, ya que hasta el momento ningún milagro ha sucedido. Teniendo en cuenta lo que dice Wikipedia, muchos esperan que ocurra. Fue inaugurado el 22 de Agosto de 1949 día del Corazón Inmaculado de María. Así que durante nueve días desde el martes 13 se está realizando la Novena Solemne. No me imaginaba que la Virgen María me tenía este hermoso regalo. Una liturgia bellamente llevada y allí en la oración para todos los días que nos han entregado, estamos los exiliados y lejanos del hogar, presentes. He sido invitada a participar en una de las Eucaristía como proclamadora de La Palabra, ¡que creen! la Virgen me invita a dirigirme a ella con esta sencilla participación. Ahora lucho contra la lluvia, el calor, la pereza en fin las excusas para asistir los 9 días.

La vida en Panamá no ha sido sencilla. Las cosas han sucedido paso a paso, un día dando paso al siguiente, tomando decisiones a medida que se van presentando diferentes alternativas. Algo sucede de pronto que cambia todos los planes y al mismo tiempo la solución aparece por otro o por lo menos se abren otros caminos. Es el discernimiento actuando y cuando te equivocas interviene Dios Padre enderezando el camino.
Les dejo a continuación un fragmento de la oración de la Novena escrita por San Juan Pablo II.

“Tú que eres Madre, enjuga las lágrimas de los que lloran, de los que han perdido sus seres queridos, de los exiliados y lejanos de su hogar, haz que procuremos la cultura y el trabajo digno.”





lunes, 4 de agosto de 2014

Una Capilla inesperada


Para tratar de evitar el tránsito vehicular fuerte, suelo viajar los fines de semana. Así fue como en un domingo de viaje me topé con una capilla en un aeropuerto donde se celebraba la misa dominical.  Para mí fue muy extraño pues solía visitar capillas de hospitales y de aeropuertos pero siempre me parecían una exhibición de imágenes religiosas. Todo un muestrario de santos y advocaciones marianas, que te invitan a tratar de jugar memoria para reconocerlos.

Ese domingo logré ver a un grupo de personas y una voz  fuerte que se escuchaba. El sacerdote iniciaba la Despedida en una Misa. ¡Que hermosa Capilla!

 En el aeropuerto de Tocumen, en la Ciudad de Panamá se encuentra esta capilla donde se celebra la Misa Dominical, o por lo menos ese domingo.




Al finalizar algunos, sacerdotes y misioneros se acercaban a saludar al celebrante e iban indicando su procedencia y hacia donde se dirigían, la mayoría misioneros.




Allí estaba yo asombrada de ver la capillita repleta, y agradecida a Dios de permitirme ser testigo de su amor incondicional y del amor de todos los que transitábamos por esos pasillos.

“El domingo no es un ‘precepto’, sino ’una necesidad interior’… el domingo también es…la fiesta de la gratitud y de la alegría por la creación de Dios” (SS. Benedicto XVI, Homilía en Austria 9 de sep/07)


domingo, 13 de julio de 2014

Reflexión del Evangelio del XV Domingo Ordinario, Mt 13, 1-23


Nuevamente el Padre Alberto Márquez nos presenta su reflexión sobre este Evangelio. Les invito a leer con atención y si quieres pedes colocar la frase que mas te llegó en los comentarios. Feliz domingo para todos.

Dice Benedicto XVI que “la semilla es presencia del futuro”, es decir, cuando se siembra está escondido lo que será el árbol. Lo importante es comenzar a sembrar en medio de las adversidades de la siembra, si no se siembra no construimos la esperanza de lo que queremos. El  trozo del evangelio de hoy en el que se nos narra la parábola del “sembrador” es un texto que recoge el evangelista Mateo para una comunidad siro-palestinense que necesitaba ser animada ante aparente fracaso en el anuncio de la Buena Nueva de Jesús. La razón era el rechazo del mensaje de Jesús, que producía cansancio y frustración. Sembrar no es fácil y según esta parábola, se alude a la costumbre en Palestina de primero sembrar y después arar el terreno cuando la forma ordinaria y efectiva sería arar primero la tierra y después sembrar.

Según esta parábola, envuelto en la forma palestinense, el sembrador riega la semilla en el terreno en donde un grupo cae suelta en el camino y se pierden por la aves que llegan, otras semillas se queman en lo pedregoso, otras caen entre espinos y se ahogaron, hasta que la final un grupo cayó en tierra buena y dio fruto abundante hasta dar en la cosecha el ciento, el sesenta y el treinta por uno.

El sentido por tanto de la parábola nos orienta a reconocer que el éxito de la cosecha pasa por el riesgo del fracaso de muchas semillas. En el contexto de la vida de los cristianos de Siria y Palestina el mensaje del evangelio es un aliento delante del desánimo, les está diciendo que aunque el terreno de la vida social en la que ellos viven no es cultivable por tantas dificultades sin embargo no hay que dejar de sembrar, las semillas son germen de futuro. Parece sugerir una de las características del profeta: por lo general él fracasa por contradecir la opinión general o las costumbres en general, incluso las religiosas. Pero como dice el mismo Joseph Ratzinger “solo a través de su fracaso las palabras resultan eficaces. El fracaso del profeta se cierne como una oscura pregunta sobre toda la historia de Israel, y en cierto sentido se repite en la historia de la humanidad”. El mejor ejemplo es Jesús, quien muere incomprendido por una multitud en la cruz como un fracasado, pero sus frutos acrecieron en el tiempo de modo incalculable en un cristianismo de dos mil años, donde se sigue dando el ciento, el sesenta y el treinta por uno. A su vez, sembrar hoy significa lo mismo, instaurar el Reino de Dios en el interior de las personas y de las estructuras sociales es muy doloroso, nos exponemos siempre a fracasos. Pero como lo que se siembra es la Palabra, ella es la garantía del futuro de salvación y en consecuencia la oscuridad del mundo no tendrá la última palabra y por ende la mejor cosecha. El desafío es arriesgar para poder ganar.

Por otra parte Mateo no solamente alienta a comprender lo que significa sembrar la semilla para que los cristianos perseguidos se alienten en el fracaso, sino también dirige su atención a ser buena tierra o buen terreno: la única forma de comprender el Reino según Jesús es ser terreno fértil siendo discípulo, sólo quien acepta a Jesús como Mesías hace el proyecto de Dios en su vida. Pudiéramos levantar las manos al cielo, mirar al cielo en la oración sin darnos cuenta que Él ya está dentro de nosotros. Aceptar a Jesús es consentir, que no es otra cosa que ser consciente de su vida entre nosotros. Lo más trágico del cristianismo de nuestro tiempo es el endurecimiento del corazón aún siendo muy religiosos desde el punto de vista externo. El Papa Francisco dirá hablando del mundanismo espiritual: “¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos” (EG 97).

Para este Evangelio, ver, oír y entender significa ser sensibles a Jesús para no rechazarlo. Semejante sensibilidad se cultiva en el interior. Una de las consecuencias que ha dejado nuestra crisis social y económica venezolana es la dispersión del corazón, dejando un profundo sin sabor por la hostilidad de vida del quehacer diario. Precisamente es allí donde podemos desarrollar una sensibilidad desde Jesús. Desde luego no se trata olvidar lo que sucede en el país por usar una oración como placebo, sino ver desde Jesús la vida del país para así comprometerme con la realidad como posibilidad de fructificación. Es desde Jesús donde se recibe la fuerza para resistir y la inconformidad ante el mal que se hace a diario.


Nuestra sensibilidad por Jesús no se confunde con los aparentes éxitos humanos o estructurales. Cuidado con una teología de la prosperidad o espiritualidad de la prosperidad producto de las sectas. Nuestra sensibilidad solo acrece desde su Palabra,  y por tanto nuestro evangelio se hace vivo en el mismo modo en que seguimos sembrando aún en lo adverso, solo se aprende a evangelizar, evangelizando.
Pbro. Alberto Márquez.
albertoarqui@hotmail.com

martes, 17 de junio de 2014

¿Qué esperas de mí?

Hartwig HKD
Llevo tiempo sin escribir, pero los acontecimientos me lo han impedido, son muchas las cosas por las cuales debo estar pendiente y es poco el tiempo, que puedo dedicar al blog. Sin embargo voy anotando lo que como un susurro al oído me llega y me dice “anótalo y cuéntalo más tarde”.

Este es uno de esos momentos en los que algo desde dentro me dice, compártelo, así que lo hago.

Tenía pocos días de haber llegado a tierras centroamericanas. Venía con una tarea que culminar al tratar de conseguir una segunda nacionalidad. Estando en una de las oficinas de un consulado esperando ser atendida, de pronto observo un anciano con dificultades para caminar, sus pies hinchados y deformes le impedían calzarse bien y apenas unas sandalias lograban cubrir parte de sus dedos. Se dirigió al funcionario y con un esfuerzo se sentó en una silla situada dentro del cubículo, esperando su turno de ser atendido. La oficina tenía paredes de vidrio lo que permitía observar lo que ocurría en el interior.

Veo que el señor comienza a buscar algo dentro de una pequeña bolsa que llevaba, saca algo doblado… es una camisa, de pronto le veo algo blanco a esa camisa, es una camisa con clergyman, el cuello que utilizan los sacerdotes. ¡Dios mío es un sacerdote anciano! Me dije. Observaba como trataba de ponerse la camisa para ser fotografiado con ella en el documento que estaba solicitando. El funcionario esperaba inmóvil, no sé si sorprendido o no, no estoy para juzgar. Me dirigí a la persona que estaba sentada a mi lado y le comenté el anciano es un sacerdote, ¡ah sí!, me dijo. De pronto el corazón se me puso chiquitito y pensé: Dios ¿a quién me presentas?, ¿eres tú Cristo?. Me levanté lentamente me dirigí al sacerdote y le dije: ¿Me permite Padre, puedo ayudarle? Mirando al mismo tiempo al funcionario esperando su aprobación de que estuviera allí.  Ayudé a abrochar el cuello de su clergyman , ya que con sus manos temblorosas no lograba hacerlo.

Así fue como, a la pregunta que le hacía a Dios en esas horas de espera, sobre qué esperaba de mí en estas tierras, comenzaba a mostrarme que tratar de ver el rostro de Cristo en los demás era algo importante, estuviera donde estuviera, de la nacionalidad que fuera, de la condición social que fuera, dar testimonio del amor de Cristo  era una tarea encomendada, pero a veces con los más cercanos, la misma familia se nos hace tan difícil.


El sacerdote culminó su trámite y nuevamente recurrí a ayudarle para desabrochar su camisa ya que se la quitaría.” Vienes a hacer el favor completo”, me dijo, si Padre le respondí, usted es Cristo. Eres una buena colombiana, me dijo. Mi respuesta fue, soy una colombo-venezolana. Mi corazón se llenó de gozo en ese momento, sentí que todo el rencor que nos han sembrado a los venezolanos, puede olvidarse si aprendemos a ver el rostro de Cristo en nuestro prójimo.

"Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado" Jn 13,34

domingo, 15 de junio de 2014

la Santísima Trinidad, reflexión del Evangelio Dominical por el Padre Alberto Márquez


El que hoy celebremos la solemnidad de la Santísima Trinidad no quiere decir que hoy la recordamos y los demás días no, pues hoy toca y los demás no, cuando en realidad la vivimos todos los días, es el misterio fuente, de ese misterio nacen todos los misterios revelados, pero tal vez somos pocos trinitarios, pudiéramos pensar en un Dios único sin nadie y sin diversidad, una especie del Dios del olimpo, incluso solemos decir “Dios” sin referencia a lo que en las Sagradas Escrituras se nos revela, un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, simplemente decimos Dios es Dios.

Pero en el texto de 2° de Corintio del día de hoy cuando Pablo exhorta a la alegría después de tantas circunstancias que tal comunidad cristiana atravesó, les desea la paz y la armonía sellando la despedida a la comunidad de Corintio con una fórmula totalmente referida a Dios y ésta es la que conocemos como trinitaria. Desde luego la misma está en el saludo hasta nuestros días en la liturgia y se proclama así: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes” (2Cor 13, 11-13). De este modo se nos está transmitiendo no una consigna lógica o propagandística y meramente racional (aunque tenga hasta cierto punto su racionalidad) sino una experiencia arraigada en la fe de donde nació el cristianismo. La Trinidad no fue un invento del cristianismo, sino la misma vivencia de fe de siglos, pero que con la Revelación de Jesús se conoció que ese único Dios profesado desde los patriarcas ahora se sabe que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que ahora está con todos nosotros.

Para los discípulos del Señor, proclamar esa tripersonalidad de un Dios no era un problema entre ellos pues bien sabían que esa era su verdad que estaba sellada en su historia, que era una historia de experiencia amorosa de un Dios Padre apasionado por el mundo, tal como grita San Juan: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna” (Jn 3, 16); y por predicar este amor loco de Dios Padre por el Hijo en el Espíritu Santo muchos murieron.

Pero por no conocer esa experiencia de amor, siglos después muchos se cerraron a esta verdad original y única e intentaron perderse en la filosofía. Intentaron aplicar sus axiomas o teoremas cargados de finitud en el que desesperadamente solamente podían decir el uno no es igual al tres. Pero la lógica del amor que solo descubre trascendencias, es capaz de comprobar que por ser Dios Infinito el uno si es igual a tres. Solo Dios ha amado tal como el hombre pudiera descubrir y solo desde la fe es capaz de descubrir que ese amor único se conoce en la acción de tres personas iguales en una única esencia amorosa. El placer de Dios es salvar, y del océano infinito de su ser solo sabemos que Él ha caminado con su pueblo, perdonando sus pecados  y más aún ha traspasado el límite humano venciendo la muerte, tal como se conoció en la persona de Jesús de Nazareth.

Aún así las analogías racionales de la fe han intentado hacer explicaciones de lo histórico a través de trilogías. Por ejemplo, las más corrientes y antiguas, el sol para decir que es el Padre, su luz que es el Hijo y el calor para hablar del Espíritu Santo. También la fuente, el río y el mar; el pensamiento, la palabra y el aliento o el oxígeno con el que se pronuncia la palabra que es el Espíritu Santo. Es muy sugestiva también la imagen del sol (el Padre) que no puede ser visto directamente pero que se puede ver solo desde su proyección en el agua (el Hijo) y sentir el destello que sale del agua para referirse al Espíritu. Pero por ser estas analogía tan imperfectas solo nos queda ir a lo que vemos en las Sagradas Escrituras, a la realidad histórica del misterio trinitario, que insisto es un misterio de amor y solo se conoce desde el amor.


Por tanto, más que esforzarnos en explicar el misterio trinitario desde el mundo, es mil veces mejor explicar el mundo desde la Trinidad. Dios ha amado el mundo y tenemos que contemplar su amor hacia al mundo. Esto nos llevaría a afirmar que: como sea tu idea de Dios así será tu idea del mundo y de los demás con respecto a Dios. Si Dios es simplemente Dios, de modo monolítico, el único sin nadie, el único sin diversidad, el uno sin lo múltiple, pues la visión de la vida y de los demás estará marcada por la idea del pensamiento único, dogmatista, monolítico, exclusivita impositivo, absolutista y antidemocrático. Si tu idea de Dios es Dios que vive en sí mismo una relación en la diversidad de tres personas, Padre, Hijo y Espíritu, pues la visión del mundo, será la del respeto a la diversidad y tolerancia hacia el otro, aunque no comparta sus ideas, de donación al prójimo porque en el otro es que yo puedo amar, aunque no comparta sus ideas, de una persona que dialoga, comprende, de auténtica visión democrática de la sociedad y sabe vivir la unidad en la diversidad. Concluyo por tanto citando a San Agustín, si quieres saber qué es la Trinidad contempla el amor y si llegas a ver el amor ves la Trinidad. 
Padre Alberto Márquez.

domingo, 8 de junio de 2014

Pentecostés, reflexión del Padre Alberto Márquez


Curiosamente un cuento acerca de los tres reyes magos me inspiran para iniciar la reflexión acerca del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Según el autor W.H. Anden los tres reyes magos explicaron por qué siguieron la estrella. El primero dice: “para descubrir cómo ser verdadero hoy, por eso sigo la estrella”. El segundo afirma: “Para descubrir cómo tener vida hoy, por eso sigo la estrella”. Y el tercero: “Para descubrir cómo amar hoy, por eso sigo la estrella”. Y luego dicen todos juntos: “Para descubrir cómo ser hombre hoy, por eso seguimos la estrella”. Se sabe bien que la estrella lleva a Jesucristo, en este sentido descubrir esa luz desde adentro nos hace encontrarnos con la verdad que es Jesucristo, el amor que revela Jesús, y la plenitud de nuestra humanidad que es Jesús, el verdadero hombre puesto por Dios Padre entre nosotros.

Pero quien tiene esa misión de hacernos conocer a Jesús es el Espíritu Santo. Él no viene desde afuera, como tal vez se piensa de inmediato. La expresión “Ven Espíritu Santo”, no es una invocación que llama a alguien que está fuera de nosotros, sino un modo analógico para decir que Él venga a nuestra conciencia cuando ya está entre nosotros o que tengamos precepción de Él cuando ÉL ya está. No es que Él venga del cielo topográfico aunque metafóricamente se diga así, sino que es el “dulce huésped del alma”, que desde la interioridad del ser humano y haciendo despertar la conciencia de su presencia nos hace descubrir la verdad que libera (“el Espíritu de la verdad”), el amor que me anima en el gozo o en la sequía del dolor, como el “Padre amoroso del pobre” o como el que “riega la tierra en sequía”. Él es el que desde el interior nos hace tener una vida plenamente humana.

Los seres humanos vivimos en un hormigón de tensiones diarias por las distintas conmociones de preocupaciones económicas, familiares, políticas y de seguridad de vida. Lo único que nos hace vivir todos esos eventos con mayor personalización pero al mismo tiempo con mejor socialización es la interioridad. El secreto de una verdadera relación con los demás está en la verdadera relación con uno mismo, y es allí donde entra la presencia del Espíritu Santo no en cuanto el viene desde afuera topográficamente sino en cuanto descubrimos su presencia de Él en nosotros; es eso por tanto lo que significa venir.

Pero advierto que el Espíritu Santo no es un solitario que habita en nuestro interior, Él actúa haciéndonos relacionar con Jesús de Nazareth, y así nos hace sentir hijos del Padre. Tenemos contacto de modo personal con Jesús solo en el Espíritu Santo. Sabemos lo que quiere el Padre en nosotros solo por Jesús en nosotros, pero esto se realiza en el Espíritu Santo. Por algo dice San Pablo: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefable” (Rom 8,26); o como decía San Ireneo de lyón a finales del siglo II “el que está en todos nosotros es el Espíritu, que grita Abba, Padre, y el que configura y adorna al hombre a imagen y semejanza de Dios”.


Esto quiere decir que cuando celebramos pentecostés no es una fiesta del Espíritu Santo como distinta al día del Hijo, cuando en realidad no hay una fiesta del Padre, como tampoco, como dice Y. Congar, la “Navidad no es la fiesta del Hijo, sino la celebración del hecho de su nacimiento en nuestro mundo. Pentecostés no es la fiesta del Espíritu Santo, sino una celebración del hecho de su misión sensible a los primeros discípulos”….ciertamente destacable en este día.

Como gesto sensible en el evangelio de hoy (Jn 20,19-23) de la presencia del Espíritu Santo entre los discípulos del Señor aparece el soplo de Jesús sobre ellos. Así afirma Juan: “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo”. Así como en el Génesis Dios sopla para crear al hombre así el Espíritu enviado por Jesús recrea la vida de la comunidad de los discípulos. El símbolo del soplo indica una acción del Espíritu Santo como vida, en este caso “vida en Jesús”, presencia dinámica del Espíritu que actúa haciendo que entablemos una relación con Dios y con los demás. Ese aliento que Jesús entregó en el momento de la muerte al Padre, ahora en la Resurrección es el aliento que entrega ahora a los discípulos para que así puedan vivir las promesas del Resucitado, como son la paz y el perdón.

Pero ¿en qué ámbito se vive esa interioridad del Espíritu en nosotros? Lo que Jesús nos dejó como fruto de la Resurrección solo se vive en la misión: “A quienes les perdone los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos” (Jn 20,22). Si este es el caso, el dinamismo del Espíritu como soplo en el sentido simbólico de la palabra es entregar, pasar, oxigenando dando vida, por lo tanto se vive cuando se entrega al otro. En este sentido la realidad del soplo que da aliento es transmitir la vida de Jesús en la misión. La prueba de nuestra interioridad se muestra cuando compartimos la palabra, su mensaje que se ha encarnado primeramente en nosotros como personas y que no puede quedar comprimido dentro de nosotros sale fuera.

En el fondo hacer la misión es permitir que el Espíritu actualice lo que Jesús hizo y dijo pero a través de nosotros, por algo se habla del Espíritu como memoria de Cristo en la Iglesia, pues es Él el que nos enseñará todo o el que nos recordará todo.

Señor, te creo.

Reflexión al Evangelio Jn 20,24-29 Día de Santo Tomas. Cuantas veces Señor me has escuchado decir: sí, yo creo, cuantas veces lo...