martes, 2 de septiembre de 2014

Ver con otros ojos.

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Trato de leer entre líneas lo que Dios quiere de mí. Pareciera que estoy en un curso de “Reconocer el rostro de Cristo” y otro intensivo de Cómo aceptar la Voluntad de Dios y no morir en el intento. (disculpen la broma, el Espíritu Santo trata de levantarme el ánimo)

Las cosas han sucedido paso a paso, un día dando paso al siguiente, tomando decisiones a medida que se van presentando diferentes alternativas. Algo sucede de pronto que cambia todos los planes y al mismo tiempo la solución aparece por otro o por lo menos se abren otros caminos. Es el discernimiento actuando y cuando te equivocas interviene Dios Padre enderezando el camino.

He quedado impresionada de cómo Dios Padre te va moldeando hasta el punto de que por instantes no te reconoces. Miren lo que me ocurrió hace poco.

 Estando en el supermercado se acercó al mostrador de charcutería, una dama muy voluptuosa, con una larga cabellera rubia con hermosos rizos que llegaban a su espalda, algo maquillada exageradamente, con un vestuario muy provocativo y calzando unos hermosos tacones que ya quisiera yo tener su equilibro para lograr montarme sobre uno de ellos. Cuando la vi enseguida interiormente me dije, ¡no juzgues! Y así comencé a mirarla con otros ojos, trataba de no hacerlo, pero todos a su alrededor no dejaban de hacerlo. En mi mente mantenía un monólogo: ¡que hermosa cabellera!, ¿será propia?¡ mira lleva pestañas postizas!, le quedan de lo mejor.

Es una hija de Dios, me decía, es tu hermana en Cristo, y un sentimiento de amor hacia aquella persona brotaba en mí. Quería hacerle un comentario pero no me atrevía. Luego tuve la oportunidad de ayudarla con su pedido de víveres y amablemente me dio las gracias con una gran sonrisa a la cual respondí. Nos despedimos y yo continúe con mis compras asombrada de lo que había sido capaz de sentir.Sin juzgar, amando sin etiquetar por apariencias externas, mirando a todos con los ojos de Dios.

Podemos ser capaces de hacerlo, solo hay que dejarse transformar y vivir continuamente en la presencia de Cristo.

Esto es lo que la Oración centrante está haciendo en mí, 6 años de práctica y comienzo a darme cuenta de lo que otros ya habían notado. “Son los demás los que se van dando cuenta de la transformación que va ocurriendo”, recordaba las palabras del Padre Beda en sus charlas. Claro, no siempre reacciono así, mi falso Yo  a veces es muy fuerte y gana la partida y mi mente y mi lengua acaban con lo logrado en segundos.
  
En fin aquí estoy viviendo en un país centroamericano, muy diferente, donde la experiencia de los que me rodean no ha sido la mejor con el gentilicio panameño. No me quejo del trato pues en su mayoría han sido personas muy amorosas. En muy contadas ocasiones cuando muy orgullosamente he dicho que soy venezolana, la respuesta ha sido un silencio total. Así que ahora ni lo digo si no lo preguntan.


 Los días y meses han pasado y  trato de vivir esta experiencia como un regalo de Dios y con la esperanza de regresar a Venezuela luego de esparcir la semilla que se me entregó. 

2 comentarios:

Beda dijo...

María, te felicito por estos frutos que estás percibiendo, y que son la obra de Dios en ti. Cuando las cosas se ponen difíciles, ¡ENTONCES ES CUANDO!

PEPE LASALA dijo...

Así es Auxi, no hay que juzgar, Dios no quiere eso y a veces lo hacemos inconscientemente. Lo que aquí has escrito es una gran enseñanza que ofreces de la mano de Dios. Espero que estés bien. En el blog de la Tertulia ya estamos de regreso de las vacaciones, así que volvemos de nuevo a la carga. Un fuerte abrazo y feliz fin de semana amiga.

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