domingo, 7 de septiembre de 2014

Reflexión del Evangelio Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo A . Mt 18, 15-20

Norman Rockwell

Los textos bíblicos del día de hoy sugieren reflexionar sobre el tipo de justicia divina que se puede vivir en el seno de una comunidad o sociedad. La justicia de Dios no es vengativa sino transformadora y atrayente; desde luego profética, siempre hay algo que denunciar, sea para corregir o salvaguardar.

 Ya la primera lectura sugiere la idea de lo que debe ser un profeta delante de su pueblo: en este caso Ezequiel desarrolla su profetismo en la deportación de Israel a Babilonia. El texto habla de Ezequiel como un centinela, no en cuanto está parado encima de la torre o de una muralla de la ciudad de entonces sino que está dentro de la vida del pueblo, en sus actividades cotidianas y debe por tanto cuidar de lo que sucedía durante esa deportación: injusticias, robos, idolatría, prostitución y demás males sociales. Si la función del profeta es la de ser “boca de Dios”, su misión consiste en estar atento a los signos de los tiempos para interpretar en ellos la voluntad de Dios. En el profeta gravita la responsabilidad del mensaje de Dios sobre la comunidad, por ello sentencia el oráculo del texto de Ezequiel: “si yo digo al malvado: ¡Malvado, eres reo de muerte!, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por tu culpa, pero a ti te pediré cuenta” (Ez 33, 8). Es decir, la lucha por la justicia es una cuestión de vida o muerte, no se puede hacer como dice el dicho popular “un tiro para el gobierno y un tiro para la revolución”. Si se es franco se habrá cumplido la misión profética aunque no se acepte sus correcciones, pero la responsabilidad profética de la denuncia ante el mal del mundo debe ser salvada. Sin embargo el interés del profeta no es la de hacer una especie de consejo diplomático y genérico o como se dice dar consejos píos, sino lograr que las vidas se transformen, es decir el mensaje de salvación tiene que ver con las cosas prácticas de la historia.

Es por ello que los profetas se sentían en la obligación de hacer leer siempre la ley de Dios.  Es así como fueron desarrollando texto legislativos en torno a la escucha del mensaje en la sinagoga durante el culto, hasta llegaron a entender que la morada de Dios estaba en la torá o la ley.

Pero Jesús enseña algo nuevo, ya no es un texto legislativo como para guiar la vida de un pueblo o de una comunidad con la que habla Jesús sino su presencia, él dice: “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos” (Mt 18, 20). La presencia de Jesús en la comunidad de la que habla ya no es una presencia legislativa de textos, sino una presencia personal, viva y amorosa. Esa es la razón por la cual Jesús no quiere que en la comunidad nadie se pierda, su justicia es la remisión del que peca o yerra, no su condenación. Por eso en el texto de Mateo sentencia: “Si su justicia no es superior a la de los doctores de la ley y de los profetas, no entrarán en el reino de los cielos” (Mt 5,20). En este sentido su programa de justicia es hacer todo lo posible para ganar a un hermano y no el ojo por ojo o el diente por diente.


El consentir la presencia amorosa de Jesús lleva desde el punto de vista práctico a vivir no solo la armonía sino asumir la posibilidad de un conflicto comunitario como campo para ganar al hermano en la corrección fraterna. Nuestras comunidades son ámbitos humanos imperfectos y no siempre asumimos los errores del que yerra de modo adecuado, se excluye de buenas a primeras sin dar espacio para la experiencia de Jesús como el que perdona y reconcilia. Es en la reconciliación donde se testimonia que Jesús está vivo y la diversidad es prueba de posibilidad de su presencia. En este sentido un conflicto es positivo si da espacio para el reencuentro y la aceptación. Es por ello que en el texto de Mateo aparecen las posibilidades de solución para ganar siempre un hermano a la fraternidad en medio del conflicto (Cf. Mt 18, 15-17).

Pbro Alberto Márquez.
albertoarqui@hotmail.com

2 comentarios:

PEPE LASALA dijo...

La Ley de Dios no es humana sino Divina, por eso a veces nos cuesta entender y asimilar, ya que su justicia está contemplada completamente desde el amor puro. Gracias de corazón Auxiliadora por ofrecernos algo tan grande. Un abrazo y buen fin de semana amiga.

PEPE LASALA dijo...

Hola de nuevo Mª Auxiliadora, vengo a saludarte, y a decirte que en el blog de la Tertulia he puesto algo sobre la Basílica de Mª Auxiliadora, por lo que al llevar tú su nombre creo que te gustará. Un fuerte abrazo y buen fin de semana amiga.

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