domingo, 9 de noviembre de 2014

Recoger el fruto de la semilla sembrada.


Hoy ha sido uno de esos días en que la sensibilidad está a flor de piel. Como diría un dirigente de Cursillo “tan sensible como piel de durazno”. Y es que se acercan momentos en los que vas cerrando ciclos y comienzas a ver  desde otra perspectiva todo lo vivido.

Hoy casi despidiéndome de mis compañeras del Ministerio de Liturgia, les resumía lo que había aprendido en el tiempo de estar allí y las hermosas experiencias que Dios Padre había permitido que viviera al servirle en el Santuario. ¡Casi que lloramos! Sumando a eso, el hecho de que un sacerdote venezolano celebraría una de las Eucaristía a la cual por supuesto, mi esposo y yo asistiríamos.

Mi nombre ha provocado tantos elogios que me siento muy orgullosa de llevarlo, esto le encantará a nuestro hijo postizo sacerdote, quien le tiene un amor inmenso a la Advocación de la Virgen María Auxiliadora. Mi nombre no parece muy común en Panamá y cuando lo pronuncian me da mucha alegría y le doy gracias a Dios por ello pues así recordarán que los venezolanos deben estar presentes en sus oraciones.

Un día como hoy hace un año, el hijo postizo se ordenaba de Diácono y allí estaba yo, en su ciudad natal, Carora, acompañándole gracias a una pareja muy especial que había tenido la gentileza de illevarme para asistir junto con ellos a esta fiesta de la ciudad completa.

Ese mismo día, tal vez muchos no lo recuerden, la familia fue golpeada con un hecho en el país que nos afectó emocionalmente, el famoso Dakaso . Familias, amigos, conocidos, compañeros de trabajo de mi esposo fueron acusados, señalados, privados de libertad. Esos días conocí yo quienes eran en verdad amigos.


Hoy el Evangelio  Jn 2, 13-22, junto con la lectura del Profeta Ezequiel ( Ez 47,1-2,8-9,12) me cuestionaban. Somos templo del Espíritu Santo, y cómo está ese templo, había dejado que la tristeza, la desesperanza y el conformismo se instalaran en él. Pero estaba notando como poco a poco un optimismo, un afán de lucha, una esperanza había renacido.

Es una de las enseñanzas que me llevo de Panamá, aquí me han hablado del amor patrio como en ninguna otra parte y lo veo en sus calles y hasta en la iglesia. Es un valor que muchos venezolanos hemos perdido pues nos sentimos sin Patria.



Aquí en Panamá me han llenado de Esperanza,  me han animado a seguir adelante, esa confianza en Dios y esa entrega a su voluntad ha sido de hecho, no de palabra, aunque por momentos no haya entendido el por qué de todo. Esa esperanza perdida de  muchos venezolanos que llegan aquí buscando mejores oportunidades, y que al escucharlos o leerlos en la web te van contagiando de los malos presagios para el país, esa esperanza perdida la he recuperado aquí en Panamá.

 He recuperado mi Esperanza y lucharé para que no me la quiten porque eso he aprendido de los sacerdotes claretianos en Panamá, a no dejarme quitar la Esperanza y no permitir que me prediquen de resignación.

Agradecida con el Padre José “Chepe” Rodríguez quien con su saludo cariñoso, llenaba mi corazón del amor del Padre.  Me pareció muy gracioso cuando un día me dijo  que no sabía que decirme cuando le pedía la bendición. Los venezolanos estamos acostumbrados a pedir la bendición a  los papas, tíos, abuelos, padrinos y a los sacerdotes. Tuve que explicarle lo que debía responderme: “Dios te bendiga”.  

Nunca pensé que al esparcir la semilla tendría la oportunidad de recoger los frutos, pues generalmente esperaba que llegara otro a regarla y luego alguien más recogería los frutos. Pero en esta oportunidad Dios Padre me da el regalo de recoger frutos y esos frutos son para mí.


 Gracias Padre porque has mirado con misericordia a esta hija.

2 comentarios:

PEPE LASALA dijo...

Llevar el nombre de María Auxiliadora es algo inmenso, Auxilio de los Cristianos. La llevo en mi corazón, pues soy antiguo alumno Salesiano. Me ha encantado tu escrito. Un abrazo y buen fin de semana amiga.
@Pepe_Lasala

Ivone Duran dijo...

Muy bello lo que escribes Maria, se siente que estas en paz, gracias al Señor.
un abrazo

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